Imaginando estaba la rosa
que el jardinero la amaba,
le pondría por mantillo
su verde y tibia mirada,
le daría como riego
la sangre de aquella mano
que sus espinas rasgaban
y en el lugar de la luna,
le diera su roja boca
la que ella deleitaba
cuando su amado galán
la olía en la madrugada.
Imaginando quedó,
y esperando al jardinero
llegó la lluvia de otoño,
deshojó todo su cuerpo
y como lágrimas fueron
sus palabras y sus ruegos,
No me dejes, amor mío
entiérrame en este suelo
que al menos por las mañanas
sentiré tu andar tan prieto,
y pensaré que recuerdas
la rosa que un día fué
quién te nombró jardinero.
que el jardinero la amaba,
le pondría por mantillo
su verde y tibia mirada,
le daría como riego
la sangre de aquella mano
que sus espinas rasgaban
y en el lugar de la luna,
le diera su roja boca
la que ella deleitaba
cuando su amado galán
la olía en la madrugada.
Imaginando quedó,
y esperando al jardinero
llegó la lluvia de otoño,
deshojó todo su cuerpo
y como lágrimas fueron
sus palabras y sus ruegos,
No me dejes, amor mío
entiérrame en este suelo
que al menos por las mañanas
sentiré tu andar tan prieto,
y pensaré que recuerdas
la rosa que un día fué
quién te nombró jardinero.